ESTRUCTURA DEL EDITORIAL.


La Redacción.
Al iniciar este acápite debemos recordar que el editorial se distingue por ofrecer una visión clara y sintética de un problema determinado. Este enfoque debe ser lo más completo e integral posible. Debe describir las interrelaciones, profundizar las causas, prever las consecuencias, establecer conclusiones justas y orientar la vía a seguir para resolver la situación planteada.

“En este sentido, el primer atributo que debe tener el editorialista debe ser el conocimiento del tema. En el editorial lo que domina no es la forma periodística –importante e inexcusable-, sino la idea, la fuerza lógica de la argumentación”.[1]
Para redactar el editorial se debe tomar en cuenta los siguientes puntos:
  1. El tema elegido para el efecto sea evidentemente trascendental.
  2. El editorialista (y el medio) tengan realmente algo que decir respecto a ese tema.
  3. Se debe tener y manejar una idea clara que guíe todo el texto dándole continuidad y unidad.
  4. Se tenga el propósito de querer influir con las ideas del medio en los criterios del público.
  5. Se incentive, con el contenido y direccionalidad del texto, hacia la acción.
  6. Tenga un estilo interesante de escribir.

El Título.
El título en los géneros de opinión tiene mayor libertad y se acomodan a los contenidos. En el título se puede incluir adjetivos y juicios de valor, a diferencia del género informativo.
En los títulos de opinión no es necesario que tenga un verbo, puede ser enunciativo o también exhortativo, marca el carril o tema sobre el cual se va a escribir. El título tiene que ser altamente creativo.
Un buen titular de editorial es aquel que respeta el contenido desarrollado en el texto, sea sintético y resulte atractivo. Es necesario que el título haga referencia al aspecto más importante del tema que se desarrolla en el texto. Porque igual que en el titular informativo resulta inadmisible anunciar algo en el titular que luego no esté contemplado en el texto.
Los titulares de opinión por lo general son muy breves. En el caso del editorial presentan el tema y en su caso por la adjetivación que emplean dan un adelanto de la opinión. “La extensión si bien suele estar en función de la importancia del tema, la tendencia es ajustarse a un número de palabras, más o menos fijo, y que se considere suficiente para los fines propuestos”.

Desarrollo y Análisis.
Para la parte del desarrollo y análisis según los autores sin diversas las posibilidades que se pueden plantear, ya que no existe un único modelo.
Según Alex Grijelmo explica que debería tener la estructura de las sentencias judiciales. “El editorial empezará con una exposición de los hechos que vayamos a juzgar (lo cual ayuda al lector a tener la información necesaria sobre el tema que se trata). A continuación, interpretaremos cómo encajan los hechos en lo que nosotros pensamos acerca de la sociedad, la política, etc., y finalmente obtendremos la sentencia tras relacionar el primer apartado y el segundo. Es decir, resultandos, considerandos y fallo”.[2]
Por su parte, Natividad Vargas explica que en el editorial “el tema debe afrontarse de entrada, sin preámbulos evasivos ni párrafos introductorios que alejan la atención del lector o lectora. En el desarrollo del texto, no debe aparecer la utilización del “yo” personal del autor, ya que quien razona y opina no es un periodista concreto sino el periódico como institución social”.
En este sentido, en el primer párrafo se plantea la tesis, o en algún caso la hipótesis, en los párrafos siguientes se desarrollan los argumentos, y finalmente se ratifica la tesis planteada y se subraya lo que se está diciendo, y en caso de que se hubiera planteado una hipótesis, en este párrafo se presentará la tesis.
Mientras, que Juan Gutiérrez Palacio explica que la estructura del editorial es bastante uniforme y son tres pasos a seguir:
  1. El texto editorial comienza con la noticia, que es el punto de partida de ese editorial. Esta exposición, aunque esencial, debe ser breve ya que la información detallada se publicó en los espacios informativos. El autor del editorial valora a la vez el acontecimiento.
  2. El cuerpo del editorial puede tomar las formas de interpretación, opinión o reacción. A veces, puede haber una instancia a la acción, quizá a la oposición, dependiendo del punto de vista del editorial sobre el tema.
  3. El cierre del texto debe ser un párrafo breve que hace hincapié de los puntos más importantes del editorial o bien recapitula los razonamientos anteriormente expresados.

Juicio o Conclusión.
El juicio es “el pensamiento expresado en forma de proposición enunciativa en la cual se asevera algo sobre las cosas”.[3] En este marco, cuando se realiza el editorial se puede plantear los siguientes tipos de juicio:
  1. Analítico. Es aquel en el que no se asume una posición explícita, sólo explica, es un juicio implícito.
  2. Sintético. En este tipo de juicio se toma una posición, se dice si está bien o está mal sobre lo que se analiza.
  3. Hipotéticos. Aquí se juega con el planteamiento de una hipótesis, es decir que no se plantea una tesis. El editorial plantea posibles escenarios.
  4. Categóricos. En este juicio el editorial se mete a hacer campaña, se juega por algo. (plantea, esto es así). No es conveniente usarlo.
  5. Disyuntivos. Se la plantea como una advertencia señala “si no hacemos esto, pasará lo otro”.

Llamado o Mensaje.
En esta parte se hace referencia a la inducción de la actitud o vías de acción a adoptar en consecuencia.
Luego de que el editorialista realizó el análisis del acontecimiento, razona y predice los acontecimientos del mañana y su posible mejora o solución.
En este marco, podemos recordar lo mencionado por Grijelmo que menciona que se culmina el editorial con un “fallo”, el que corresponde con la solución o el rumbo que se le da al problema analizado.
Analizando a estos autores podemos concluir que la estructura del texto deben ser construidos desde el comienzo al final de forma reflexiva. Si en el primer párrafo descubrimos el tema general que nos ha movido a escribir el editorial, en el párrafo final debe quedar bien claro la conclusión, solución o rumbo que damos al problema. La transición de una parte a otra será de forma lógica y coherente, sin grandes saltos o cambio que dificulten o entorpezcan la comprensión.


[1] GARCIA, Luis Julio, “Géneros de opinión”, Praga, Ed. Organización Internacional de Periodistas, 1987, p. 101.
[2] GRIJELMO, Alex, “El Estilo del Periodista”, Madrid, Ed. Santillana S.A. Taurus, 1998, p. 127.
[3] ROSENTAL, M.M., “Diccionario Filosófico”, Perú, Ed. Pueblos Unidos, 2005, p. 333

Reacciones:

1 comentarios: