Juan Carlos Segales L.
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Por: Juan Carlos Segales L.*

No todo desastre es una crisis. Pero si no sabes distinguir la diferencia, cualquier piedra en el camino te tumbará como si fuera una avalancha.


A las 7 AM, tu candidato tuiteó algo polémico. A las 8 AM, los trolls están atacando. A las 9 AM, hay trending topic negativo. A las 10 AM, tu equipo está en "reunión de crisis". Respirá hondo: no estás en crisis. Probablemente ni siquiera estés en conflicto. Tenés un problema. Y confundir los tres niveles es exactamente lo que convierte problemas menores en catástrofes reales.

La gestión profesional de crisis empieza por algo fundamental que nadie enseña en las escuelas de comunicación: saber distinguir entre un problema, un conflicto y una crisis. Porque si tratás todo como crisis, agotas a tu equipo, desperdicias recursos y, peor aún, cuando llegue la crisis real, nadie te va a creer.

La escala del desastre: Problemas, Conflictos y Crisis

Los problemas son situaciones adversas que se pueden resolver con gestión normal. Un militante renunció, una encuesta salió baja, un medio publicó algo negativo, las redes sociales te critican un día. Molesto, sí. Crisis, no. Los problemas se resuelven con buena comunicación, explicaciones claras y seguimiento. Tiempo de reacción: días o semanas.

Los conflictos son problemas que escalaron porque no se atendieron a tiempo o porque involucran tensiones entre actores importantes. Tu candidato discutió públicamente con un aliado, un grupo interno amenaza con romper la coalición, medios importantes cuestionan sistemáticamente tu propuesta central. Esto requiere negociación, mediación y estrategia. Tiempo de reacción: horas o días.

Las crisis son acontecimientos súbitos, graves y potencialmente catastróficos que ponen en riesgo la viabilidad de tu campaña. Escándalo de corrupción con evidencia, muerte o accidente grave, revelación de información comprometedora, ataque violento. La crisis combina gravedad extrema, urgencia inmediata y alta carga mediática. Tiempo de reacción: minutos u horas.

Casos latinoamericanos: Cuando se confundió todo

El candidato presidencial brasileño Aécio Neves en 2014 enfrentó críticas por proponer reducción de ministerios. ¿Crisis? No. Problema de comunicación. Su equipo lo trató como problema menor, explicó la propuesta en entrevistas y siguió adelante. Perdió por 3 puntos, pero el tema específico no lo hundió. Gestión proporcionada del problema.

Contrasta con Marina Silva en la misma elección de 2014. Cuando heredó la candidatura tras la muerte de Eduardo Campos, cada propuesta suya era diseccionada con lupa. Su equipo entró en modo pánico permanente, cambiando posiciones cada semana según la presión mediática. Trataron cada crítica como crisis. Resultado: imagen de indecisión, caída de 34% a 21% en intención de voto. Murieron por hiperventilación comunicacional.

Ahora veamos crisis reales. Ricardo Anaya en México 2018 enfrentando acusaciones de lavado de dinero en plena campaña. Eso SÍ es crisis: grave, súbito, carga mediática brutal, amenaza existencial a la candidatura. ¿Su respuesta? Defensiva, tardía, poco convincente. Perdió en primera vuelta con apenas 22.3% frente al 53% de AMLO. Crisis real, respuesta inadecuada, resultado catastrófico.

La lista de verificación: ¿Es crisis o solo estás exagerando?

Para saber si estás ante una crisis real o solo ante un mal día que tu ansiedad está magnificando, responde estas cinco preguntas:

1. ¿Es súbito e inesperado? Si venías viendo señales hace semanas, no es crisis—es un problema que dejaste crecer. Las crisis reales aparecen sin aviso o con aviso tan breve que no da tiempo a prevenir. Si tuviste tiempo de verlo venir, tuviste tiempo de prevenirlo.

2. ¿Amenaza la supervivencia de la campaña? No estamos hablando de "baja en las encuestas" o "mala prensa por un día". Hablamos de escándalos que pueden llevarte a prisión, revelaciones que destruyen tu narrativa central, o eventos que hacen imposible continuar. Si tu respuesta es "bueno, técnicamente podríamos seguir adelante", no es crisis.

3. ¿Los medios de comunicación te pusieron en el centro de atención? Tres noticieros nacionales abriendo con tu escándalo es crisis. Trending topic en Twitter con bots y trolls es ruido. La diferencia: los medios tradicionales todavía marcan agenda para el 70% del electorado latinoamericano. Las redes sociales amplifican, pero rara vez deciden solas.

4. ¿Tu base electoral está cuestionándote? Si tus opositores te atacan, es un día normal y corriente. Si tus propios votantes empiezan a dudar, ahí tienes un problema serio. Cuando el gobernador argentino Juan Manzur enfrentó acusaciones de nepotismo en Tucumán, el tema no escaló a crisis porque su base lo defendió. Cuando a su colega José Alperovich lo acusaron de abuso sexual, su base lo abandonó. Misma provincia, distinto nivel de gravedad.

5. ¿Perdiste el control de la narrativa? Si todavía puedes salir a dar tu versión y los medios la transmiten (aunque sea para refutarla), no es crisis terminal. Si ni siquiera te dan espacio para hablar, o tus declaraciones ya no le importan a nadie porque la narrativa dominante te enterró, ahí sí estás en territorio crítico.

Lo que hacen los profesionales vs. lo que hacen los amateurs

Los profesionales tienen un manual de gestión de crisis listo, un comité preparado y, sobre todo, criterios claros para clasificar el nivel de gravedad. Cuando algo ocurre, evalúan, clasifican y responden proporcionalmente. No convocan reunión de emergencia un domingo a las 6 AM porque un diputado rival dijo algo feo en un programa de televisión o en TikTok.

Los amateurs viven en permanente modo crisis. Cada trending topic es Armagedón. Cada crítica periodística activa el protocolo de emergencia. Cada encuesta mala genera pánico colectivo. Resultado: equipos quemados, candidatos estresados y, paradójicamente, pésima respuesta cuando llega la crisis real porque ya agotaron todos los recursos en falsas alarmas.

El candidato chileno José Antonio Kast en 2021 enfrentó docenas de controversias por declaraciones polémicas—su equipo calibró bien cuáles ignorar (la mayoría) y cuáles atender (pocas). Llegó al balotaje. Su rival Sebastián Sichel respondía a todo como si fuera crisis, cambiando mensajes semanalmente. Terminó cuarto con 12.8%.

La regla de oro para no morir de infarto comunicacional

Si puedes resolverlo con un buen comunicado, no es crisis. 

Si puedes esperar 24 horas para responder, no es crisis. 

Si tu estrategia general sigue siendo viable después de esto, no es crisis.

Las crisis reales exigen acción inmediata, modificación drástica de tu estrategia y, a menudo, activación de protocolos excepcionales. Todo lo demás es gestión diaria de campaña, por más desagradable que sea.

Antes de declarar que estás en crisis, preguntate: ¿esto cambia fundamentalmente mi capacidad de ganar? Si la respuesta es no, respirá, gestiona proporcionalmente y guarda la artillería pesada para cuando realmente la necesites. Porque en una campaña latinoamericana promedio, la crisis real llegará—y necesitas estar fresco para sobrevivirla.


*Consultor independiente en comunicación política e institucional. 15 años de experiencia liderando equipos en posiciones de alta responsabilidad.

 

Por: Juan Carlos Segales L.*
  • No hay ámbito libre de crisis — solo hay organizaciones preparadas y organizaciones condenadas.

En chino mandarín, la palabra "crisis" se forma con dos caracteres: peligro y oportunidad. No es poesía oriental ni filosofía barata de calendario motivacional. Es la descripción exacta de lo que ocurre cuando tu gobierno, tu campaña o tu gestión enfrentan turbulencias: tienes dos caminos y solo uno te lleva a sobrevivir.

La realidad es brutalmente simple: las crisis políticas son situaciones graves, inesperadas y potencialmente catastróficas que combinan peligro y urgencia. Pueden destruir tu carrera en 72 horas. Pero aquí viene el giro que nadie te cuenta: todas las crisis son previsibles. Cada una deriva de una situación de peligro que conocías antes de que explotara. Y si son previsibles, son manejables.

Cuando la crisis te encuentra desayunando

América Latina tiene un doctorado en crisis políticas mal gestionadas. Tomemos el caso del expresidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció en 2018 tras la filtración de videos que mostraban compra de votos para evitar su destitución. La crisis no fue la acusación inicial de corrupción—esa era previsible en el contexto peruano. La crisis mortal fue la respuesta: negar, esconderse, y finalmente ser atrapado en video. Resultado: renuncia en tiempo récord y destrucción total de credibilidad.

Contrasta eso con el presidente uruguayo José Mujica enfrentando críticas por su estilo desprolijo y sus declaraciones sin filtro. ¿Su estrategia? Convertir cada "crisis" de protocolo en una oportunidad para reforzar su imagen de autenticidad. Las mismas características que otros comunicadores hubieran considerado crisis, Mujica las transformó en su marca personal más fuerte: "Pepe" el presidente que dona su salario y maneja un escarabajo.

Los números no mienten: crisis mal gestionadas cuestan fortunas

Exxon perdió 3 billones de dólares en su crisis del derrame petrolero. Intel, otros 3 billones por un producto defectuoso. Johnson & Johnson, 6 billones por sabotaje. ¿La diferencia entre los que sobreviven y los que mueren? Los primeros entendieron que la crisis no era el problema—era el megáfono que amplificaba problemas previos que ignoraron.

En política latinoamericana, el costo no se mide solo en dinero. Se mide en gobiernos caídos, carreras terminadas y movimientos políticos destruidos. El caso brasileño de Dilma Rousseff es emblemático: el juicio político no comenzó con su gestión económica—comenzó años antes con una crisis de comunicación mal manejada durante las protestas de 2013. Cada respuesta tardía, cada mensaje confuso, cada intento de minimizar el descontento popular fue construyendo el camino hacia su eventual destitución en 2016.

La anatomía de una crisis latinoamericana

En nuestra región, el patrón es idéntico pero más brutal: gobiernos que caen no por el escándalo en sí, sino por la respuesta torpe, tardía o inexistente. Candidatos que se hunden no por el error, sino por la negación. Instituciones que colapsan no por la crisis, sino por la improvisación desesperada.

Veamos el caso chileno del Transantiago en 2007. El caótico lanzamiento del nuevo sistema de transporte público bajo la presidenta Michelle Bachelet no fue solo un problema operativo—fue una crisis de comunicación épica. ¿El error mortal? Minimizar la gravedad, prometer soluciones que no llegaban y perder contacto con la realidad que vivían millones de santiaguinos cada día. Su popularidad cayó 30 puntos en meses. La crisis era gestionable; la respuesta comunicacional, catastrófica.

Ahora comparemos con el entonces alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, enfrentando críticas por sus políticas poco convencionales. ¿Su respuesta? Convertir cada cuestionamiento en una oportunidad para explicar, educar y involucrar a los ciudadanos. Contrató mimos para educar sobre tránsito. Pintó estrellas en el pavimento. Cada "crisis" de credibilidad se transformó en contenido viral antes de que existiera el término.

La oportunidad escondida detrás del desastre

La buena noticia: una crisis bien gestionada puede darte visibilidad positiva imposible de conseguir de otra forma. Puede humanizarte, demostrar liderazgo real, conectar emocionalmente con tu gente y diferenciarte de competidores que se esconden.

El expresidente colombiano Juan Manuel Santos enfrentó una de las mayores crisis de su mandato cuando el proceso de paz con las FARC fue rechazado en el plebiscito de 2016. Era el momento perfecto para colapsar políticamente. ¿Qué hizo? En lugar de culpar a los votantes o rendirse, reconoció la decisión, escuchó a la oposición, ajustó el acuerdo y lo llevó al Congreso. Resultado: proceso de paz aprobado y Premio Nobel de la Paz. La crisis se convirtió en su momento definitorio.

La mala noticia: esto solo funciona si tienes tres cosas antes de que todo explote: un comité de crisis preparado, públicos estratégicos identificados y protocolos de comunicación listos. Sin esto, estarás improvisando tu propia ejecución pública frente a cámaras en vivo.

La dura verdad que nadie quiere escuchar

¿Estás preparado o solo esperas que nunca te pase? Porque estadísticamente, te pasará. Los museos tienen goteras, los hospitales cometen errores médicos, las universidades tienen accidentes en laboratorios, y los gobiernos enfrentan escándalos, protestas y crisis económicas. No hay ámbito libre de crisis—solo hay organizaciones preparadas y organizaciones condenadas.

La pregunta no es SI enfrentarás una crisis política. La pregunta es: ¿qué harás en las primeras 3 horas? Porque esas primeras horas definen todo. Define si controlas la narrativa o te conviertes en su víctima. Define si tu equipo sabe qué hacer o improvisa en pánico. Define si sales fortalecido o destruido.


*Consultor independiente en comunicación política e institucional. 15 años de experiencia liderando equipos en posiciones de alta responsabilidad.

 

 

Rodrigo Paz prometió en campaña que cualquier medida económica sería "consensuada con los sectores sociales" y aplicada "de manera gradual y progresiva". A 39 días de asumir el mando, ese compromiso quedó sepultado bajo el Decreto Supremo 5503, un paquete de shock económico que sigue al pie de la letra el manual neoliberal más ortodoxo: ajuste inmediato sobre las espaldas de los más pobres, compensaciones insuficientes y temporales, e incentivos generosos para el capital concentrado.

La arquitectura del decreto revela con claridad quién paga la cuenta del ajuste. El diésel sube 162 por ciento de un día para otro, sin gradualidad ni consulta previa. Pensemos en una familia típica de La Paz: el padre maneja un minibús en transporte público, la madre vende salteñas en el mercado de Villa Fátima, tienen tres hijos en edad escolar. El transporte sindicalizado ya anunció que el pasaje urbano subirá a cinco bolivianos, más del doble del precio anterior. Para esta familia que antes gastaba 120 bolivianos mensuales en transporte, el nuevo costo alcanzará 300 bolivianos. Y en rutas interurbanas largas, los precios se están duplicando directamente. Para esta familia, el incremento del veinte por ciento en el salario mínimo es totalmente irrelevante porque ninguno de los dos padres está en planilla formal. Sus ingresos dependen de ventas diarias que ahora enfrentan costos disparados sin capacidad de trasladarlos al consumidor.

La vendedora de salteñas ilustra perfectamente la trampa. Debe pagar más por transportarse al mercado, más por la harina, la carne y las papas que usa como insumos porque todo se transporta con diésel encarecido. Si sube sus salteñas de dos a tres bolivianos, pierde clientela porque sus clientes también son pobres. Si mantiene el precio, trabaja sin ganancia. La única variable de ajuste es su propio margen de subsistencia: comer menos, trabajar más horas, reducir el tamaño del producto. Este mecanismo de compresión de ingresos reales en el sector informal es invisible para las estadísticas oficiales pero devastador para el ochenta por ciento de trabajadores bolivianos que operan fuera del sistema formal.

Las medidas compensatorias exhiben la misma lógica excluyente. El nuevo bono PEPE entrega 150 bolivianos mensuales durante solo doce meses, pero el encarecimiento de combustibles es permanente. Los aumentos a Renta Dignidad y Juancito Pinto llegan a poblaciones específicas mientras millones de trabajadores informales, jóvenes adultos y familias sin adultos mayores quedan completamente desprotegidos. 

Cuando calculamos el impacto real, una familia que recibe todas las compensaciones disponibles suma 850 bolivianos adicionales mensuales. Pero la proyección del INESAD de inflación hasta 32,3 por ciento significa que esa misma familia necesitará entre mil y mil doscientos bolivianos extra solo para mantener su nivel de consumo anterior. Las compensaciones no alcanzan ni para neutralizar el golpe.

Mientras tanto, el decreto incluye generosos incentivos para grandes inversores: depreciación acelerada de activos, estabilidad jurídica por quince años, facilidades para repatriación de capitales, nuevos regímenes tributarios simplificados. El mensaje es transparente: el Estado boliviano sacrifica subsidios que beneficiaban a toda la población para financiar incentivos que solo aprovecha el capital concentrado. Esta es la esencia del modelo neoliberal de ajuste: socializar las pérdidas entre los más vulnerables mientras se privatizan las ganancias futuras entre quienes tienen capacidad de inversión.

El impacto en zonas rurales completa el cuadro. Un agricultor del Valle Alto de Cochabamba que produce papa necesita diésel para su tractor, para transportar insumos y para llevar su cosecha al mercado. Labrar una hectárea que costaba 400 bolivianos en combustible ahora cuesta más de mil. Pero cuando lleve sus papas al mercado mayorista, el precio por quintal no habrá subido proporcionalmente porque ese precio lo determinan intermediarios y la oferta total. El resultado inevitable es que muchos pequeños agricultores reducirán su producción o abandonarán cultivos menos rentables, lo que a mediano plazo significa menor oferta de alimentos y presión adicional sobre precios al consumidor. Los productores pobres y los consumidores pobres se perjudican mutuamente sin que ninguno tenga capacidad de romper el ciclo.

Oxfam Bolivia y la Universidad Privada Boliviana advirtieron antes de la medida que la pobreza moderada aumentará 2,5 puntos porcentuales y la pobreza extrema 1,5 puntos, revirtiendo avances de dos décadas. Estos no son daños colaterales sino consecuencias previsibles de priorizar la estabilización macroeconómica por encima de la protección social. 

La promesa de gradualidad y consenso quedó enterrada bajo un decreto que se impuso sin diálogo real con la población que hoy a través de sus organizaciones sociales convocan a movilización nacional. El manual neoliberal se repite una vez más en América Latina: cuando llega la crisis, el ajuste siempre lo pagan los mismos, los más pobres.



Por Juan Carlos Segales

Especialista en Comunicación Política

Han pasado exactamente 30 días desde que Rodrigo Paz juró como presidente de Bolivia prometiendo sacar al país de "la peor crisis en cuatro décadas". Un mes después, su gobierno no solo no ha resuelto ninguno de los problemas heredados, sino que ha añadido nuevos: dos muertos en Cotapachi, represión a personas con discapacidad, una ruptura escandalosa con su vicepresidente, y la obscenidad política de regalar beneficios fiscales a los millonarios mientras las madres de familia protestan porque no pueden comprar pan.

Desde la perspectiva de la comunicación política, la gestión gubernamental y de crisis, lo que estamos presenciando es un manual de errores, una masterclass al revés de todo lo que NO debe hacerse cuando se asume el poder en medio de una tormenta económica y social.

La crisis del combustible

Toda gestión de crisis empieza con un principio sagrado: nunca mentir sobre los hechos. Paz violó este principio desde el primer día. En su discurso inaugural del 8 de noviembre, el presidente anunció triunfalmente que "desde anoche están entrando cisternas con diésel y gasolina a Bolivia", pintando la imagen de un problema resuelto por la simple voluntad del nuevo gobierno.

Un mes después, vemos que productores soyeros amenazan con tomar pozos petroleros por falta de diésel. Transportistas colapsan avenidas haciendo fila por combustible. Las promesas del gobierno se revelan como lo que fueron: un espejismo temporal, una operación cosmética para generar titulares positivos en los primeros días.

El costo comunicacional de esta mentira es devastador. Cuando un gobierno promete resolver un problema urgente y fracasa tan estrepitosamente, no solo pierde credibilidad en ese tema específico: pierde credibilidad en todo. Si mintieron sobre el combustible, ¿por qué creerles cuando hablan de la economía, los dólares, la inflación?

En comunicación de crisis, esto se llama "erosión del capital de confianza". Y una vez que ese capital se agota, es casi imposible recuperarlo.

El impacto comunicacional de la eliminación de los impuestos a las grandes fortunas 

Pero si la mentira del combustible fue el pecado original, la eliminación del impuesto a las grandes fortunas es el suicidio político. Mientras el pan sube a 80 centavos y las familias bolivianas ven cómo la canasta básica se incrementa entre 22% y 38% en el último año, el gobierno de Paz decidió que su prioridad era beneficiar fiscalmente a quienes tienen patrimonios superiores a los 4,3 millones de dólares.

Déjenme ser claro: no estoy entrando al debate técnico sobre si este impuesto era eficiente o no. Estoy hablando de comunicación política y gestión de percepción pública. Y la percepción que esta medida genera es letal: un gobierno que dice ser "para todos" pero que en la práctica sirve a los de arriba mientras los de abajo se ahogan.

La Confederación de Empresarios celebró la medida. La Fejuve de La Paz salió a las calles a protestar. ¿De qué lado quiere estar un gobierno? La respuesta del equipo de Paz es clara: del lado del empresariado. Y eso tiene un costo político brutal en un país donde la mayoría no son empresarios.

El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, justificó la medida argumentando que estos cuatro impuestos "no representan más del 1% de la recaudación fiscal". Perfecto. Entonces tampoco habrá impacto significativo en mantenerlos. Lo que sí hay es un impacto comunicacional gigantesco en eliminarlos justo cuando el pueblo está sufriendo.

La captura del Estado, Doria Medina en las sombras

Y aquí llegamos a uno de los secretos a voces más explosivos de este primer mes: Samuel Doria Medina, quien obtuvo apenas 20% de los votos y ni siquiera llegó al balotaje, controla los principales resortes del gobierno de Paz.

José Luis Lupo, ministro de la Presidencia (el cargo político más importante del gabinete), fue candidato a vicepresidente de Doria Medina. José Gabriel Espinoza, el "superministro" de Economía que acaba de regalarle beneficios fiscales a los ricos, es del equipo de Doria Medina. Cinthya Yáñez, ministra de Turismo, fue delegada de confianza de Doria Medina.

No hace falta ser un teórico de la conspiración para conectar los puntos: el empresario millonario que perdió las elecciones está gobernando desde las sombras a través de su gente estratégicamente ubicada en los ministerios clave.

El vicepresidente Edmand Lara lo ha denunciado públicamente: "Mientras Samuel Doria Medina siga controlando a Rodrigo Paz, yo prefiero no meterme". Y aunque Lara tiene sus propias motivaciones políticas para hacer estas acusaciones, los hechos le dan la razón. La composición del gabinete no es casualidad. Es captura del Estado.

En términos de comunicación política, esto destruye cualquier narrativa de "gobierno del pueblo". Paz ya no es percibido como el presidente independiente que prometió ser, sino como un títere del empresariado cruceño que gobierna para sus patrones, no para sus electores.

La sangre que no se lava

El 6 de diciembre, efectivos de la UTOP gasificaron a personas con discapacidad que protestaban por el traslado del Fondo Nacional de Solidaridad y Equidad. Las imágenes son insoportables: ciudadanos en sillas de ruedas, con muletas, siendo reprimidos por la policía de un gobierno que tiene apenas tres semanas en el poder.

Este 8 de diciembre, dos personas murieron en enfrentamientos entre policías y comunarios en Cotapachi, Cochabamba, en un operativo de desbloqueo del acceso al botadero municipal. Dos bolivianos muertos en el primer mes de un gobierno que prometía cambio y renovación.

Desde la perspectiva de la comunicación gubernamental, esto es sencillamente irrecuperable. No hay estrategia de relaciones públicas, no hay vocero hábil, no hay campaña de redes sociales que pueda lavar la imagen de un gobierno que gasifica a discapacitados y tiene muertos a los 30 días de gestión.

En comunicación de crisis, existe el concepto de "eventos definitorios": momentos que marcan permanentemente la percepción pública de un gobierno. Estos dos hechos —la represión a discapacitados y los muertos de Cotapachi— son eventos definitorios. El gobierno de Paz quedará marcado por ellos, y cada vez que alguien evalúe esta administración, estos hechos estarán en el centro del relato.

Una guerra fraticida

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el gobierno de Paz tiene el dudoso honor de exhibir la ruptura más escandalosa entre un presidente y su vicepresidente en la historia democrática reciente de Bolivia.

Edmand Lara no solo critica las decisiones del gobierno: lo hace públicamente, a través de TikTok, llamando a Paz "mentiroso" y "cínico", afirmando que "no ha solucionado ningún problema de la gente", y declarando abiertamente que "ya no es parte de ese gobierno".

Déjenme ser claro: esto no es una discrepancia política normal. Esto es una ruptura total, una guerra abierta entre las dos cabezas del Ejecutivo a solo tres semanas de haber asumido.

Desde el punto de vista de la gestión de comunicación gubernamental, esto es catastrófico porque rompe el principio fundamental de "unidad del mensaje". Un gobierno puede sobrevivir muchas cosas —crisis económicas, protestas sociales, incluso escándalos de corrupción— pero es casi imposible gobernar cuando tu segundo al mando te ataca públicamente todos los días.

Cada conferencia de prensa del gobierno se convierte en un interrogatorio sobre "¿qué opina de las críticas de su vicepresidente?". Cada anuncio presidencial es inmediatamente contrastado con las declaraciones de Lara. El mensaje gubernamental está fracturado, la imagen de autoridad destruida, la capacidad de liderazgo cuestionada.

Paz ha intentado minimizar el conflicto, diciendo que su relación con Lara será "estrictamente institucional". Pero esa frase, que busca proyectar madurez y profesionalismo, en realidad confirma la ruptura. Están juntos por obligación constitucional, no por convicción política. Y eso se nota.

Análisis Final

En comunicación de crisis existe un principio fundamental: quien pierde el control del relato, pierde legitimidad. Y quien pierde legitimidad en medio de una crisis económica y social, pierde la capacidad de gobernar.

Si en 10 años alguien escribe un libro sobre gestión de crisis de comunicación política en Bolivia, el primer mes del gobierno de Rodrigo Paz será el caso de estudio de cómo NO hacerlo.

Será el ejemplo perfecto de cómo un gobierno puede llegar con esperanza, expectativa y capital político, y destruirlo todo en tiempo récord por una combinación tóxica de incompetencia comunicacional, prioridades equivocadas, violencia estatal y fracturas internas.

La tragedia es que esto era evitable. Cada uno de estos errores pudo haberse prevenido con una estrategia básica de comunicación de crisis: no mentir, priorizar a las mayorías, evitar la violencia, mantener cohesión interna, demostrar autonomía política.

Pero el gobierno de Paz eligió el camino contrario en cada encrucijada. Y ahora paga el precio.

La pregunta ya no es si este gobierno puede recuperarse. La pregunta es cuánto tiempo más puede sobrevivir antes de que el peso acumulado de estas crisis convergentes lo aplaste definitivamente.

En 30 días, el gobierno de Rodrigo Paz consiguió lo que muchos gobiernos tardan años en lograr: erosionar completamente su capital político, perder credibilidad con todos los sectores, mancharse con sangre, y quedar expuesto como un proyecto capturado por élites empresariales.

Si esto es el primer mes, uno no se atreve a imaginar qué nos espera en los siguientes 59 meses de mandato. O si es que llegan.


Por: Juan Carlos Segales*

Liderar un equipo no es solo delegar tareas y supervisar resultados. Después de 15 años en posiciones de alta responsabilidad, liderando diferentes equipos, he aprendido que la verdadera gestión se mide por la capacidad de mantener a tu equipo motivado, comprometido y productivo. Sin embargo, existen "asesinos silenciosos" que pueden destruir el ambiente laboral sin que nos demos cuenta.

Los 8 factores que matan la motivación

1. Falta de crecimiento profesional

Un colaborador estancado es un colaborador que mentalmente ya renunció. Si tu equipo no ve oportunidades de desarrollo, capacitación o ascenso, comenzará a buscar esas oportunidades fuera de tu organización. La pregunta que debes hacerte: ¿cuándo fue la última vez que invertiste en el crecimiento de tu gente?

2. Poco reconocimiento laboral

El trabajo bien hecho que no se reconoce es un mensaje claro: "no importa tu esfuerzo". Un simple "gracias", un reconocimiento público o una felicitación pueden hacer la diferencia entre un colaborador comprometido y uno desmotivado. El reconocimiento no cuesta, pero su ausencia cobra factura.

3. Ambiente laboral negativo

La toxicidad se contagia más rápido que cualquier virus. Los chismes, las rivalidades internas, la falta de compañerismo y los conflictos no resueltos envenenan el clima organizacional. Como líder, eres responsable de cultivar un espacio donde las personas quieran trabajar, no donde estén obligadas a hacerlo.

4. Reuniones sin sentido

"Esta reunión podría haber sido un correo electrónico", esa frase resume la frustración de millones de trabajadores. Las reuniones largas, sin agenda clara, sin objetivos definidos y sin seguimiento son ladrones de tiempo y energía. Antes de convocar, pregúntate: ¿realmente necesitamos reunirnos para esto?

5. Jefes controladores

La microgestión es la forma más efectiva de demostrar que no confías en tu equipo. Los líderes que quieren controlar cada detalle, que revisan obsesivamente cada tarea y que no delegan con confianza, no solo demoran los procesos, también ahogan la creatividad y la autonomía de sus colaboradores.

6. Falta de objetivos claros

Un equipo sin dirección es como un barco sin rumbo. Si tus colaboradores no saben hacia dónde van, qué se espera de ellos o cómo se medirá su desempeño, trabajarán con incertidumbre y ansiedad. La claridad es el primer paso hacia el compromiso.

7. Espacios de trabajo incómodos

El entorno físico importa más de lo que creemos. Escritorios inadecuados, iluminación deficiente, ruido excesivo, falta de ventilación o espacios desorganizados afectan directamente la productividad y el bienestar. Invertir en buenos espacios de trabajo es invertir en resultados.

8. Rigidez en el horario

La flexibilidad laboral ya no es un beneficio, es una expectativa. En un mundo donde la tecnología permite trabajar desde cualquier lugar, insistir en horarios rígidos sin justificación real es perder talento frente a organizaciones más adaptables. La confianza en resultados supera al control del reloj.

El antídoto un liderazgo consciente

La buena noticia es que todos estos "asesinos" tienen cura. Un líder consciente que escucha a su equipo, que se preocupa por su bienestar y que está dispuesto a ajustar sus prácticas puede transformar radicalmente el ambiente laboral.

Como decía en mis años al frente de equipos: la gente no abandona organizaciones, abandona jefes. Y la motivación no se decreta, se construye día a día con acciones concretas, coherencia y genuino interés por las personas que conforman tu equipo.

¿Reconoces alguno de estos "asesinos" en tu organización? Identificarlos es el primer paso para eliminarlos.


*Consultor independiente en comunicación política e institucional. 15 años de experiencia liderando equipos en posiciones de alta responsabilidad.


La efectividad en la gestión de la comunicación corporativa requiere un enfoque sistemático y adaptable. Este modelo asegura que todo plan de comunicación esté firmemente anclado en un diagnóstico preciso, defina metas estratégicas y medibles, articule un plan táctico con recursos asignados, se ejecute de manera coordinada y, fundamentalmente, esté sujeto a una evaluación continua. Cada uno de los siguientes pasos está interconectado, formando un ciclo virtuoso que garantiza que la estrategia no solo esté alineada con los objetivos de negocio, sino que también pueda pivotar y optimizarse en función de los resultados en tiempo real, maximizando así el retorno de inversión en comunicación. Roadmap Estratégico del Director de Comunicación

🗺️ El Roadmap Estratégico del Director de Comunicación

La hoja de ruta que transforma la visión de tu organización en resultados tangibles.

1

🔎 Auditoría y Análisis

El Fundamento: ¿Dónde estamos?

Investigación Profunda

Recopila datos internos (cultura, mensajes, recursos) y externos (competencia, tendencias del sector, percepción pública).

Análisis DAFO/FODA

Identifica Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas para establecer un diagnóstico claro de la situación.

✅ Resultado: Diagnóstico preciso y conocimiento de los públicos (stakeholders).

2

🎯 Definición Estratégica

El Destino: ¿A dónde queremos llegar?

Establecimiento de Objetivos SMART

Define objetivos Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con Plazo que soporten los objetivos de negocio.

Mensajes y Ejes

Crea los mensajes clave y determina el Eje Estratégico (la idea principal) que debe comunicar tu organización.

Posicionamiento

Define la identidad que deseas proyectar y la relación ideal con cada grupo de interés.

✅ Resultado: Objetivos medibles, mensajes unificados y posicionamiento claro.

3

🛠️ Táctica y Presupuesto

El Cómo: ¿Qué herramientas usaremos?

Selección de Tácticas

Elige los canales y herramientas más efectivos (ej. Medios, Redes, Interna) para cada público y objetivo.

Cronograma (Gantt de Comunicación)

Desarrolla un calendario de acciones detallado para organizar y planificar la ejecución en el tiempo.

Asignación Presupuestaria

Asigna recursos económicos a cada táctica, asegurando que el presupuesto esté equilibrado y optimizado.

✅ Resultado: Plan de acción detallado, calendario de ejecución y presupuesto aprobado.

4

⚙️ Implementación y Ejecución

La Puesta en Marcha: ¡Activa la Comunicación!

Producción de Contenido

Genera todo el contenido (posts, comunicados, vídeos, artículos) con base en los mensajes definidos.

Distribución

Ejecuta el cronograma, distribuyendo los contenidos a través de los canales seleccionados en el momento oportuno.

Coordinación de Equipos

Asegura la colaboración fluida entre los equipos internos (RR.HH., Marketing, Ventas) para una comunicación coherente.

✅ Resultado: Acciones de comunicación en marcha y coordinación activa.

5

✅ Evaluación y Control

El Ajuste: ¿Funciona? ¿Cómo mejoramos?

Monitoreo Continuo

Recopila datos en tiempo real sobre el desempeño de las tácticas y la recepción de los mensajes.

Medición de KPIs

Evalúa el impacto real frente a los objetivos SMART definidos (ej. *Engagement*, Cobertura Mediática, Sentimiento de Marca).

Ajuste Estratégico

Analiza los resultados y haz las correcciones necesarias. ¡Recuerda que el plan es un documento vivo!

✅ Resultado: Datos de desempeño, insights para optimización y justificación del ROI.

Carla Faval | Foto: La Voz de Tarija

 Por: Juan Carlos Segales L.*

La comunicación gubernamental del presidente Rodrigo Paz se ha caracterizado por decisiones estructurales y operativas que, lejos de fortalecer la relación con la ciudadanía, han profundizado una crisis de credibilidad y coordinación interna. La eliminación del Viceministerio de Comunicación no solo fue un error estratégico: fue una señal inequívoca de que el gobierno subestima el valor político de la comunicación. Como advierte Riorda (2016), “la estructura comunicacional define en gran medida la capacidad de un gobierno para construir gobernabilidad”. La reestructuración del Ministerio de la Presidencia, que suprimió específicamente las instancias encargadas de esta área, expuso una visión reduccionista sobre un componente esencial de la gestión estatal.

La decisión de reemplazar el Viceministerio por una Dirección de Vocería Presidencial, encabezada por Carla Faval, ha demostrado ser insuficiente tanto en capacidad operativa como en autoridad institucional. Crespo recuerda que “una vocería efectiva requiere no solo portavoces capacitados, sino una estructura institucional que les proporcione autoridad y respaldo técnico”. Esto no se ha visto. Sus intervenciones públicas, basadas casi exclusivamente en la lectura de comunicados y respuestas breves ante temas de alto interés ciudadano, evidencian una preparación limitada. Como señala Elizalde (2019), “la falta de preparación de los voceros y la ausencia de una estructura sólida deriva inevitablemente en crisis de credibilidad institucional”. Eso es exactamente lo que está ocurriendo. 

A ello se suma la ausencia total de una narrativa unificada. La crisis pública con el vicepresidente Edman Lara es la expresión más crítica de este vacío. No se trata de un desencuentro personal, sino de la ruptura visible de un binomio gubernamental sin un relato común que ordene su acción pública. Riorda es claro: “la construcción de un relato unificado es condición sine qua non para cualquier gobierno que aspire a mantener cohesión interna y legitimidad externa”. Cuando el vicepresidente utiliza sus redes para cuestionar decisiones del propio gobierno, queda en evidencia la falta de una estrategia comunicacional cohesionada.

Otro punto crítico es la suspensión de la Agencia Boliviana de Información (ABI), históricamente un referente para los medios privados, y la decisión de transformar Ahora El Pueblo en un medio exclusivamente digital. Ambas medidas debilitan gravemente la capacidad comunicacional del Estado. No solo se desmantelan canales clave de información pública, sino que se renuncia a herramientas fundamentales para construir narrativa gubernamental. Crespo subraya que los medios estatales, cuando son gestionados con criterio profesional y no partidista, son herramientas insustituibles para la construcción de capital simbólico gubernamental (2018). En un ecosistema dominado por redes sociales y medios privados, prescindir de estos instrumentos equivale a un acto de desarme comunicacional. 

Para revertir este escenario, el gobierno de Rodrigo Paz necesita implementar con urgencia lo que Elizalde denomina una “comunicación gubernamental 360°”: un modelo que reconstruya la capacidad institucional, unifique la narrativa y recupere la iniciativa en el espacio público. Esto implica restablecer una instancia rectora de comunicación estatal con rango viceministerial, dotada de autoridad real para coordinar mensajes y orientar el discurso gubernamental.

También es crucial desarrollar un auténtico “mito de gobierno”, una narrativa que dé sentido a las medidas adoptadas y proyecte un horizonte claro sobre el futuro que se quiere construir. Sin un relato convincente, no hay cohesión interna ni legitimidad social posible. 

Finalmente, la reactivación de ABI —más urgente incluso que la de Ahora El Pueblo— permitiría al gobierno recuperar capacidad de agenda y reconstruir un canal directo, confiable y profesional con la ciudadanía.

La comunicación gubernamental no es un gasto accesorio, es una inversión indispensable en gobernabilidad. Ignorarla es un lujo que ninguna administración, y menos una tan frágil como la actual, puede permitirse.

*Comunicador Social

 

 


Por: Juan Carlos Segales Limachi* 

Durante años la comunicación política fue vista como algo lejano, casi exclusivo de partidos, candidatos y élites. Sin embargo, la realidad es otra: la comunicación política está profundamente integrada en la vida cotidiana, desde lo que pensamos sobre el país hasta la forma en que entendemos a quienes nos rodean. No es un fenómeno reservado a campañas electorales; es un sistema permanente que moldea percepciones, identidades y comportamientos sociales.

Un ejemplo reciente y contundente ocurrió en Bolivia en noviembre de 2019. La renuncia de Evo Morales dio paso a un escenario donde el país quedó dividido en dos interpretaciones completamente distintas del mismo hecho histórico. Para un sector era un golpe de Estado; para otro, la caída de un fraude electoral. No cambiaron los hechos, cambió la narrativa. Y con ella, cambió la realidad emocional, política y social de millones de personas.

Ese episodio reveló la esencia de la comunicación política: no se limita a informar, sino que construye marcos interpretativos capaces de modificar el sentido mismo de los acontecimientos.

La comunicación política como dispositivo de influencia

La comunicación política puede entenderse como el conjunto de estrategias orientadas a influir en cómo las personas perciben el poder, la autoridad y los conflictos públicos. No se limita a discursos oficiales. También opera a través de medios, redes sociales, conversaciones cotidianas y microcontenidos que circulan sin pausa.

Un meme en WhatsApp, un titular alarmista en Facebook, un video viral de TikTok o una frase repetida en una sobremesa familiar son expresiones de comunicación política en acción. No por su formato, sino por su intención y por los efectos que desencadenan.

A diferencia de la información objetiva o la educación cívica, la comunicación política trabaja sobre emociones, identidades y afinidades. No busca que una ciudadanía comprenda, sino que adhiera, apoye, rechace o reaccione. Es un terreno donde la racionalidad ocupa un lugar secundario.

Narrativas que movilizan: del “Yes We Can” al “Proceso de cambio”

La fuerza de la comunicación política se entiende mejor cuando se analizan frases que marcaron épocas.

Un ejemplo paradigmático es el “Yes We Can” de Barack Obama en 2008. La frase trascendió la campaña para convertirse en una declaración colectiva de posibilidad. No contenía un plan de gobierno, sino una invitación emocional: la idea de que el cambio era alcanzable si todos participaban.

Los resultados hablan por sí solos. Millones de personas no memorizaron propuestas técnicas, pero sí se identificaron con un mensaje que apelaba a esperanza, acción y pertenencia.

En Bolivia ocurrió algo similar en 2005 con el lema “proceso de cambio”. El mensaje no describía un programa, sino un sentido histórico. La palabra “proceso” sugería una transformación inevitable; “cambio” conectaba con el deseo de ruptura respecto a un pasado desgastado. Quien se oponía al gobierno era rápidamente etiquetado como defensor del statu quo. La narrativa no solo acompañó al MAS: redefinió el marco del debate político durante más de una década.

Incluso términos aparentemente espontáneos, como “pitita” en 2019, funcionaron como herramientas políticas. En este caso, la palabra fue utilizada para dividir simbólicamente al país entre “el pueblo” y “los privilegiados”, instalando una frontera emocional que perdura hasta hoy.

Cómo la comunicación política influye en la vida cotidiana

Aunque muchos aseguren no interesarse en política, la comunicación política influye directamente en aspectos concretos de la vida diaria.

  • Percepción económica: creer que hay crisis o bonanza cambia la forma en que las personas consumen, ahorran e invierten.

  • Relaciones sociales: define quién es “aliado” y quién es “opositor”.

  • Hábitos y decisiones: desde el lugar donde se compra hasta la manera en que se educa a los hijos.

  • Sensación de seguridad: narrativas de “caos” o “estabilidad” moldean la percepción del entorno, incluso sin datos reales.

Un ejemplo global reciente es el caso de Nayib Bukele en El Salvador. Su narrativa de “presidente cool” combinada con el discurso de haber derrotado a las pandillas generó índices de aprobación inusualmente altos. Más allá de la complejidad del fenómeno, su manejo comunicacional terminó influyendo en la imagen internacional del país y en percepciones externas e internas sobre gobernabilidad, orden y seguridad.

Cómo leer la comunicación política sin caer en su juego

La exposición permanente a discursos políticos hace necesario desarrollar herramientas básicas de lectura crítica. No se trata de desconfiar de todo, sino de comprender la lógica detrás de los mensajes.

Primero, conviene identificar las emociones que un discurso intenta activar: miedo, esperanza, indignación, orgullo. Las emociones son la puerta de entrada a la adhesión política.

Segundo, es importante reconocer cuándo una narrativa busca simplificar problemas complejos. Los relatos perfectos, donde los culpables son claros y las soluciones parecen inmediatas, suelen ser construcciones diseñadas para obtener apoyo, no para describir la realidad.

Por último, consumir información desde fuentes diversas permite observar cómo se fabrican versiones alternativas de un mismo hecho. No para alcanzar objetividad —que es inalcanzable— sino para comprender los intereses y estrategias detrás de cada enfoque.

Comprender para no ser arrastrado

La comunicación política está presente siempre, aun cuando pasa desapercibida. Opera como un sistema que estructura la forma en que interpretamos el mundo. Comprender su funcionamiento no te convierte en especialista, pero sí en alguien menos vulnerable a manipulaciones y narrativas polarizantes.

En un país donde dos personas pueden vivir la misma noticia como si pertenecieran a realidades paralelas, desarrollar pensamiento crítico no es un lujo: es un mecanismo de defensa.

*Comunicador Social

 

 

 


Por: Juan Carlos Segales L.*

En comunicación política, nada es inocente. Cada color, cada símbolo y cada rediseño institucional expresan una narrativa de poder. Por eso, cuando todas las instituciones del Estado —ministerios, empresas públicas e incluso los medios estatales— adoptan una misma línea gráfica, el mensaje que se proyecta trasciende la simple modernización. Lo que parece un gesto de orden y coherencia visual puede, en realidad, revelar un intento de control total sobre la voz oficial.

Lo paradójico es que este cambio llega en un momento en el que el país esperaba una transformación respecto a la etapa anterior del MAS: una comunicación más abierta, más plural y con instituciones realmente autónomas. Sin embargo, la nueva identidad gráfica parece ir en sentido contrario. 

La unificación estética no sólo refuerza una imagen centralizada del poder, sino que también extiende su influencia simbólica sobre los medios estatales, que deberían actuar como garantes de información pública plural, no como repetidores del discurso gubernamental.

El peligro de esta decisión no radica únicamente en lo visual, sino en lo que implica. La uniformidad estética puede convertirse en uniformidad discursiva. Cuando todos los canales del Estado lucen igual, también terminan diciendo lo mismo. Se diluye la diversidad institucional, se pierde la capacidad de dialogar con públicos distintos y se borra la frontera entre información pública y propaganda política. El resultado es una comunicación vertical, fría y predecible, donde la ciudadanía deja de confiar en la autenticidad de los mensajes oficiales.

El Estado, por supuesto, puede y debe tener coherencia comunicacional. La ciudadanía necesita reconocer qué mensajes son oficiales y qué instituciones los emiten. Pero esa coherencia no puede imponerse sacrificando la diversidad, ni mucho menos la libertad editorial de los medios públicos. La fuerza de la comunicación estatal se mide en su capacidad de reflejar la pluralidad del país que representa.

La verdadera modernización del Estado no se mide en tipografías, paletas de color o nuevos emblemas. Se mide en transparencia, rendición de cuentas y respeto por la diferencia. De poco sirve uniformar la apariencia si se mantiene la misma lógica de control y silencio. Si todo se ve igual, todo empieza a parecer lo mismo. Y cuando eso ocurre, la comunicación pública deja de ser un espacio de diálogo para convertirse en un espejo del poder.

Bolivia necesita instituciones que hablen con voz propia, medios estatales que informen con independencia y una comunicación que escuche antes de imponer. Porque en democracia, la diversidad no debilita: enriquece. Y cuando se intenta silenciarla detrás de una identidad común, el país pierde algo más que color; pierde su esencia plural.

*Comunicador Social

Foto: Connectas.org

Por: Juan Carlos Segales L.

La próxima vez que recibas un mensaje de WhatsApp pidiendo tu voto, pregúntate: ¿lo escribió un humano o una máquina? En Bolivia, como en toda América Latina, la Inteligencia Artificial ya llegó a las campañas políticas. No viene en el futuro. Ya está aquí. Y mientras algunos la abrazan como la salvación de la comunicación política, otros la ven como el principio del fin de la democracia tal como la conocemos.

La IA invisible que ya decide elecciones

Empecemos por una verdad incómoda: la IA ya influyó en las últimas elecciones bolivianas, aunque nadie lo haya admitido públicamente. Cada vez que un partido político compra publicidad en Facebook, un algoritmo de inteligencia artificial decide quién ve ese mensaje, cuándo lo ve y con qué frecuencia. Ese mismo algoritmo aprende qué tipo de contenido te mantiene más tiempo en la plataforma y ajusta lo que ves en consecuencia.

¿Recuerdas esos mensajes masivos de WhatsApp durante la última campaña? Muchos fueron segmentados usando herramientas de IA que clasifican números telefónicos por zona geográfica, edad probable y patrones de comportamiento digital. No es ciencia ficción. Es la realidad de 2025.

En Colombia, la campaña de Gustavo Petro usó análisis predictivo para identificar qué municipios podían cambiar su voto con el mensaje correcto. En Argentina, Javier Milei viralizó su mensaje libertario gracias a algoritmos de TikTok que identificaron y amplificaron su contenido entre jóvenes desencantados. En El Salvador, Nayib Bukele construyó su imagen de "CEO de El Salvador" con métricas en tiempo real que le indicaban qué tweets generaban más engagement.

El salto cuántico que está llegando a Bolivia

Pero lo que hemos visto hasta ahora es apenas la punta del iceberg. La nueva generación de IA promete revolucionar las campañas de formas que apenas comenzamos a imaginar:

Discursos a medida: Imagina un candidato que puede generar 100 versiones diferentes del mismo discurso, cada una adaptada a la audiencia específica que la escuchará. Para los cocaleros, énfasis en la soberanía. Para Santa Cruz, desarrollo económico. Para El Alto, justicia social. Todo generado automáticamente, manteniendo el mensaje central pero ajustando tono, ejemplos y énfasis.

Militancia artificial: En las elecciones presidenciales de 2025, probablemente interactuarás con "militantes" en redes sociales que en realidad son bots conversacionales tan sofisticados que pueden debatir, argumentar y hasta mostrar "emociones" creíbles. Ya no son los bots torpes que repiten el mismo mensaje. Son IA que pueden mantener conversaciones complejas y persuasivas.

Deepfakes y desinformación 2.0: Ya no hablamos de fake news escritas. Ahora es posible crear videos convincentes de opositores diciendo cosas que nunca dijeron, audios que son indistinguibles de los reales. En un país donde el WhatsApp es la principal fuente de información política para muchos, el potencial destructivo es aterrador.

La paradoja boliviana: Modernidad vs. Autenticidad

Bolivia enfrenta un dilema particular. Por un lado, no puede quedarse atrás en la carrera tecnológica. Los consultores políticos argentinos, brasileños y mexicanos ya llegan con estas herramientas bajo el brazo. Ignorar la IA sería como llevar una honda a una batalla de drones.

Por otro lado, Bolivia tiene una cultura política profundamente arraigada en el contacto humano. El ayni, la minga, la asamblea comunitaria - estas formas de organización política no se pueden (ni se deben) digitalizar completamente. Un algoritmo puede predecir comportamientos, pero no puede compartir un acullico o boleo de coca ni entender el significado profundo de un aguayo.

He aquí la trampa mortal: creer que la IA puede reemplazar la construcción genuina de causas políticas. Como he argumentado en análisis anteriores, la gente no sigue a políticos, sigue causas. Y las causas genuinas no se pueden fabricar con inteligencia artificial, por más sofisticada que sea.

La bendición: IA para empoderar causas genuinas

Aquí está el potencial transformador de la IA cuando se usa correctamente:

Democratización de la información: Candidatos con pocos recursos pueden usar herramientas de IA para competir con maquinarias políticas millonarias. ChatGPT puede ayudar a escribir comunicados, Canva con IA puede diseñar afiches, las herramientas de análisis pueden identificar temas importantes para la comunidad.

Participación ciudadana real: La IA puede procesar miles de propuestas ciudadanas y encontrar patrones y consensos que serían imposibles de identificar manualmente. Imagina una asamblea constituyente donde cada boliviano puede enviar sus propuestas y una IA ayuda a sistematizar y encontrar puntos de acuerdo.

Transparencia y fact-checking: Las mismas herramientas que crean deepfakes pueden detectarlos. La IA puede verificar declaraciones en tiempo real, rastrear el origen de las noticias falsas, y crear un ambiente informativo más sano.

Inclusión lingüística: En un país con 36 lenguas originarias, la IA puede traducir y adaptar mensajes políticos al quechua, aymara, guaraní, respetando no solo el idioma sino los códigos culturales de cada pueblo.

Cinco principios éticos para la IA electoral en Bolivia

Si vamos a integrar la IA en nuestras campañas, propongo estos principios no negociables:

1. Transparencia algorítmica: Los partidos deben declarar cuándo usan IA y para qué. Si un mensaje fue generado o personalizado por IA, el votante tiene derecho a saberlo.

2. Prohibición de deepfakes: Tolerancia cero con la manipulación de audio y video mediante IA. Debe ser un delito electoral grave.

3. Datos con dignidad: La segmentación puede ser útil, pero no puede violar la privacidad. Nada de comprar datos personales, nada de espionaje digital.

4. Complemento, no reemplazo: La IA debe amplificar el contacto humano, no sustituirlo. Un bot puede agendar una reunión, pero no puede reemplazar el diálogo cara a cara.

5. Causas antes que técnicas: Ninguna cantidad de IA salvará una campaña sin una causa genuina. La tecnología es el megáfono, no el mensaje.

El futuro es híbrido

La pregunta no es si la IA entrará en las campañas bolivianas - ya entró. La pregunta es cómo la usaremos. ¿Será una herramienta para profundizar la democracia o para socavarla? ¿Para conectar causas con ciudadanos o para manipular emociones?

Mi apuesta es por un modelo híbrido. Usa la IA para lo que hace mejor: procesar información, identificar patrones, optimizar recursos. Pero nunca olvides que la política, en su esencia más profunda, es sobre seres humanos conectando con otros seres humanos alrededor de visiones compartidas del futuro.

El candidato que entienda esto - que use la IA como herramienta pero construya su campaña sobre causas auténticas y contacto humano real - será quien defina el futuro político de Bolivia.

Porque al final del día, un algoritmo puede predecir comportamientos, pero solo un líder con una causa genuina puede inspirar transformaciones. Y en eso, queridos lectores, ninguna inteligencia artificial podrá jamás superar a la inteligencia colectiva de un pueblo movilizado por sus convicciones.

La IA en campañas no es ni bendición ni trampa mortal. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su valor depende de las manos que la empuñan y los principios que guían su uso.

La pregunta para los políticos bolivianos no es si usarán IA, sino si la usarán para amplificar la voz del pueblo o para intentar silenciarla con ruido digital.

La historia, como siempre, la escribiremos nosotros.

Qué opinas sobre el uso de IA en campañas políticas? ¿Has notado su presencia en las últimas elecciones? Comparte tu experiencia en los comentarios.

 

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Comunicador estratégico con 15 años de experiencia liderando la comunicación institucional en las más altas esferas en la gestión gubernamental. Experto en posicionamiento político, gestión de crisis, de riesgo y comunicación digital, con dominio avanzado de herramientas multimedia y plataformas digitales. Actualmente desarrollando proyectos independientes de consultoría en comunicación política y preservación cultural digital, combinando expertise gubernamental con innovación tecnológica.

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