Por Juan Carlos Segales
Especialista en Comunicaci贸n Pol铆tica
Han pasado exactamente 30 d铆as desde que Rodrigo Paz jur贸 como presidente de Bolivia prometiendo sacar al pa铆s de "la peor crisis en cuatro d茅cadas". Un mes despu茅s, su gobierno no solo no ha resuelto ninguno de los problemas heredados, sino que ha a帽adido nuevos: dos muertos en Cotapachi, represi贸n a personas con discapacidad, una ruptura escandalosa con su vicepresidente, y la obscenidad pol铆tica de regalar beneficios fiscales a los millonarios mientras las madres de familia protestan porque no pueden comprar pan.
Desde la perspectiva de la comunicaci贸n pol铆tica, la gesti贸n gubernamental y de crisis, lo que estamos presenciando es un manual de errores, una masterclass al rev茅s de todo lo que NO debe hacerse cuando se asume el poder en medio de una tormenta econ贸mica y social.
La crisis del combustible
Toda gesti贸n de crisis empieza con un principio sagrado: nunca mentir sobre los hechos. Paz viol贸 este principio desde el primer d铆a. En su discurso inaugural del 8 de noviembre, el presidente anunci贸 triunfalmente que "desde anoche est谩n entrando cisternas con di茅sel y gasolina a Bolivia", pintando la imagen de un problema resuelto por la simple voluntad del nuevo gobierno.
Un mes despu茅s, vemos que productores soyeros amenazan con tomar pozos petroleros por falta de di茅sel. Transportistas colapsan avenidas haciendo fila por combustible. Las promesas del gobierno se revelan como lo que fueron: un espejismo temporal, una operaci贸n cosm茅tica para generar titulares positivos en los primeros d铆as.
El costo comunicacional de esta mentira es devastador. Cuando un gobierno promete resolver un problema urgente y fracasa tan estrepitosamente, no solo pierde credibilidad en ese tema espec铆fico: pierde credibilidad en todo. Si mintieron sobre el combustible, ¿por qu茅 creerles cuando hablan de la econom铆a, los d贸lares, la inflaci贸n?
En comunicaci贸n de crisis, esto se llama "erosi贸n del capital de confianza". Y una vez que ese capital se agota, es casi imposible recuperarlo.
El impacto comunicacional de la eliminaci贸n de los impuestos a las grandes fortunas
Pero si la mentira del combustible fue el pecado original, la eliminaci贸n del impuesto a las grandes fortunas es el suicidio pol铆tico. Mientras el pan sube a 80 centavos y las familias bolivianas ven c贸mo la canasta b谩sica se incrementa entre 22% y 38% en el 煤ltimo a帽o, el gobierno de Paz decidi贸 que su prioridad era beneficiar fiscalmente a quienes tienen patrimonios superiores a los 4,3 millones de d贸lares.
D茅jenme ser claro: no estoy entrando al debate t茅cnico sobre si este impuesto era eficiente o no. Estoy hablando de comunicaci贸n pol铆tica y gesti贸n de percepci贸n p煤blica. Y la percepci贸n que esta medida genera es letal: un gobierno que dice ser "para todos" pero que en la pr谩ctica sirve a los de arriba mientras los de abajo se ahogan.
La Confederaci贸n de Empresarios celebr贸 la medida. La Fejuve de La Paz sali贸 a las calles a protestar. ¿De qu茅 lado quiere estar un gobierno? La respuesta del equipo de Paz es clara: del lado del empresariado. Y eso tiene un costo pol铆tico brutal en un pa铆s donde la mayor铆a no son empresarios.
El ministro de Econom铆a, Jos茅 Gabriel Espinoza, justific贸 la medida argumentando que estos cuatro impuestos "no representan m谩s del 1% de la recaudaci贸n fiscal". Perfecto. Entonces tampoco habr谩 impacto significativo en mantenerlos. Lo que s铆 hay es un impacto comunicacional gigantesco en eliminarlos justo cuando el pueblo est谩 sufriendo.
La captura del Estado, Doria Medina en las sombras
Y aqu铆 llegamos a uno de los secretos a voces m谩s explosivos de este primer mes: Samuel Doria Medina, quien obtuvo apenas 20% de los votos y ni siquiera lleg贸 al balotaje, controla los principales resortes del gobierno de Paz.
Jos茅 Luis Lupo, ministro de la Presidencia (el cargo pol铆tico m谩s importante del gabinete), fue candidato a vicepresidente de Doria Medina. Jos茅 Gabriel Espinoza, el "superministro" de Econom铆a que acaba de regalarle beneficios fiscales a los ricos, es del equipo de Doria Medina. Cinthya Y谩帽ez, ministra de Turismo, fue delegada de confianza de Doria Medina.
No hace falta ser un te贸rico de la conspiraci贸n para conectar los puntos: el empresario millonario que perdi贸 las elecciones est谩 gobernando desde las sombras a trav茅s de su gente estrat茅gicamente ubicada en los ministerios clave.
El vicepresidente Edmand Lara lo ha denunciado p煤blicamente: "Mientras Samuel Doria Medina siga controlando a Rodrigo Paz, yo prefiero no meterme". Y aunque Lara tiene sus propias motivaciones pol铆ticas para hacer estas acusaciones, los hechos le dan la raz贸n. La composici贸n del gabinete no es casualidad. Es captura del Estado.
En t茅rminos de comunicaci贸n pol铆tica, esto destruye cualquier narrativa de "gobierno del pueblo". Paz ya no es percibido como el presidente independiente que prometi贸 ser, sino como un t铆tere del empresariado cruce帽o que gobierna para sus patrones, no para sus electores.
La sangre que no se lava
El 6 de diciembre, efectivos de la UTOP gasificaron a personas con discapacidad que protestaban por el traslado del Fondo Nacional de Solidaridad y Equidad. Las im谩genes son insoportables: ciudadanos en sillas de ruedas, con muletas, siendo reprimidos por la polic铆a de un gobierno que tiene apenas tres semanas en el poder.
Este 8 de diciembre, dos personas murieron en enfrentamientos entre polic铆as y comunarios en Cotapachi, Cochabamba, en un operativo de desbloqueo del acceso al botadero municipal. Dos bolivianos muertos en el primer mes de un gobierno que promet铆a cambio y renovaci贸n.
Desde la perspectiva de la comunicaci贸n gubernamental, esto es sencillamente irrecuperable. No hay estrategia de relaciones p煤blicas, no hay vocero h谩bil, no hay campa帽a de redes sociales que pueda lavar la imagen de un gobierno que gasifica a discapacitados y tiene muertos a los 30 d铆as de gesti贸n.
En comunicaci贸n de crisis, existe el concepto de "eventos definitorios": momentos que marcan permanentemente la percepci贸n p煤blica de un gobierno. Estos dos hechos —la represi贸n a discapacitados y los muertos de Cotapachi— son eventos definitorios. El gobierno de Paz quedar谩 marcado por ellos, y cada vez que alguien eval煤e esta administraci贸n, estos hechos estar谩n en el centro del relato.
Una guerra fraticida
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el gobierno de Paz tiene el dudoso honor de exhibir la ruptura m谩s escandalosa entre un presidente y su vicepresidente en la historia democr谩tica reciente de Bolivia.
Edmand Lara no solo critica las decisiones del gobierno: lo hace p煤blicamente, a trav茅s de TikTok, llamando a Paz "mentiroso" y "c铆nico", afirmando que "no ha solucionado ning煤n problema de la gente", y declarando abiertamente que "ya no es parte de ese gobierno".
D茅jenme ser claro: esto no es una discrepancia pol铆tica normal. Esto es una ruptura total, una guerra abierta entre las dos cabezas del Ejecutivo a solo tres semanas de haber asumido.
Desde el punto de vista de la gesti贸n de comunicaci贸n gubernamental, esto es catastr贸fico porque rompe el principio fundamental de "unidad del mensaje". Un gobierno puede sobrevivir muchas cosas —crisis econ贸micas, protestas sociales, incluso esc谩ndalos de corrupci贸n— pero es casi imposible gobernar cuando tu segundo al mando te ataca p煤blicamente todos los d铆as.
Cada conferencia de prensa del gobierno se convierte en un interrogatorio sobre "¿qu茅 opina de las cr铆ticas de su vicepresidente?". Cada anuncio presidencial es inmediatamente contrastado con las declaraciones de Lara. El mensaje gubernamental est谩 fracturado, la imagen de autoridad destruida, la capacidad de liderazgo cuestionada.
Paz ha intentado minimizar el conflicto, diciendo que su relaci贸n con Lara ser谩 "estrictamente institucional". Pero esa frase, que busca proyectar madurez y profesionalismo, en realidad confirma la ruptura. Est谩n juntos por obligaci贸n constitucional, no por convicci贸n pol铆tica. Y eso se nota.
An谩lisis Final
En comunicaci贸n de crisis existe un principio fundamental: quien pierde el control del relato, pierde legitimidad. Y quien pierde legitimidad en medio de una crisis econ贸mica y social, pierde la capacidad de gobernar.
Si en 10 a帽os alguien escribe un libro sobre gesti贸n de crisis de comunicaci贸n pol铆tica en Bolivia, el primer mes del gobierno de Rodrigo Paz ser谩 el caso de estudio de c贸mo NO hacerlo.
Ser谩 el ejemplo perfecto de c贸mo un gobierno puede llegar con esperanza, expectativa y capital pol铆tico, y destruirlo todo en tiempo r茅cord por una combinaci贸n t贸xica de incompetencia comunicacional, prioridades equivocadas, violencia estatal y fracturas internas.
La tragedia es que esto era evitable. Cada uno de estos errores pudo haberse prevenido con una estrategia b谩sica de comunicaci贸n de crisis: no mentir, priorizar a las mayor铆as, evitar la violencia, mantener cohesi贸n interna, demostrar autonom铆a pol铆tica.
Pero el gobierno de Paz eligi贸 el camino contrario en cada encrucijada. Y ahora paga el precio.
La pregunta ya no es si este gobierno puede recuperarse. La pregunta es cu谩nto tiempo m谩s puede sobrevivir antes de que el peso acumulado de estas crisis convergentes lo aplaste definitivamente.
En 30 d铆as, el gobierno de Rodrigo Paz consigui贸 lo que muchos gobiernos tardan a帽os en lograr: erosionar completamente su capital pol铆tico, perder credibilidad con todos los sectores, mancharse con sangre, y quedar expuesto como un proyecto capturado por 茅lites empresariales.
Si esto es el primer mes, uno no se atreve a imaginar qu茅 nos espera en los siguientes 59 meses de mandato. O si es que llegan.